EL CAMPEÓN DEL MUNDO

La Copa del Mundo unió a través de los diferentes medios de comunicación al mundo entero.  En especial en la final del torneo.  Millones de personas del globo terráqueo se conectaron para ver a estos grandes equipos jugar contra el otro para averiguar quién sería el ganador del mundo.

Varios equipos, meses de entrenamiento y al final de todo, como en cualquier deporte, solo puede haber un ganador.  En esta oportunidad fue Francia con 4 goles frente a Croacia que solamente anotó 2.

1era. de Cor. 9:23-24 Nos alienta a correr la carrera de la fe como atletas que ganarán algo mucho más grande que la Copa de Oro.  Pues hasta este trofeo sin cuidado, puede opacarse y perder su gracia.

¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos á la verdad corren, mas uno lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Y todo aquel que lucha, de todo se abstiene: y ellos, á la verdad, para recibir una corona corruptible; mas nosotros, incorruptible.

Nuestra recompensa es más grande que cualquier premio terrenal.  La corona de la Vida y una eternidad con Dios, libre de toda la corrupción del pecado, unidos a El para siempre, esto merece que nos levantemos cuando caemos, que enfrentemos con valentía, perdón y humildad cualquier falta cometida contra nosotros. Que pidamos perdón por las faltas que cometemos y que avancemos sabiendo que nuestro equipo es campeón del mundo, porque Jesús lo venció en la cruz.

Estos atletas sacrifican dieta, horas de entrenamiento, tiempo con sus familias, etc. Todo con tal de pasar a la historia del deporte, historia que al final de todo, morirá, pero, nosotros tenemos la oportunidad de morir a nosotros mismos, a nuestra corrupción y maldad, para permitir que la vida abundante de Cristo sea manifiesta a través de nosotros.

¿Cómo estás corriendo tu carrera de la fe?  Si te has sentido parte del equipo perdedor, derrotado y desalentado.  Hoy te recuerdo las palabras de Jesús, el verdadero campeón del mundo:

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. Juan 16:33”

 

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